Por Mar Merino, gestora, productora y comunicadora cultural.

@bcnmarmerino

(Foto portada: Frederic Navarro @TheMrRanaman)

 

¿Qué hacer cuando el mundo se ha descolorido? No queda más que matar el tiempo.

Simone de Beauvoir.

En estos días de confinamiento hemos leído muchas opiniones acerca de lo que piensan las unas y los otros de la situación de la cultura con la amenaza de la COVID-19 y de qué será de la era #PostCorona. Durante esta situación de alarma social, para muchas personas, se han caído las estructuras básicas sobre las que se erigían nuestros días. Desde el sector de la cultura, superviviente nato, nos empujamos a plantearnos cómo queremos trabajar en el futuro para que nuestras acciones ejerzan verdaderamente de servicio social y, la clave es, que la cultura se perciba urbi et orbi como un bien intangible esencial en nuestro desarrollo como seres humanos y, por ende, como sociedades. La cultura es espejo de la reflexión, de la emoción; a la vez, múltiples puntos de fuga hacia el futuro. No sé, por poner un par de ejemplos, ahí tenemos a Mary Shelley o a Isaac Asimov, y todas las obras que han inspirado, que no es moco de pavo.

De los artículos leídos, uno me ha despertado el espíritu accionador de palancas; este, “Hacia un futuro común: Reinventar la humanidad…”, de Evelyne Peieller (Le Monde diplomatique, abril 2020). En relación al darwinismo social dice que son numerosos los intelectuales, antropólogos, filósofos y científicos que, desde Donna Haraway (feminista e historiadora de las ciencias) a Pablo Servigne (colapsólogo e ingeniero agrónomo), Alain Caillé (sociólogo) o Bruno Latour (filósofo), “dan voz a una concepción de lo humano que respalda esta necesidad difusa.” Subraya que las iniciativas de refundación ideológica no tratan únicamente de “contentarse con fustigar al homo æconomicus”, sino que reconsideran “cuáles son las capacidades de la especie para instaurar una nueva constelación de valores.”

El mundo de la Cultura es una constelación dentro de otra que, a su vez, interaccionan entre ellas. Desde la persona artista hasta la que trabaja para que lo creado llegue a la sociedad (que muchas veces son la misma persona), creemos en lo que hacemos porque suele ser vocacional (quien entra en este mundo, nunca lo hace por dinero). Cuando pedimos una situación más digna, equiparándola con la de cualquier otro trabajador de cualquier otro sector, lo hacemos porque, a todas luces, de la vocación no se vive sin las condiciones necesarias para ello, y que se nos apagará la cultura. Y lo peor de todo, la fuente de la misma, la cultura de base. Por eso del #ApagónCultural (por si a alguien se le escapaba).

Pero como, para que se entienda, tenemos más fe que el Alcoyano, nos hemos dicho, ¡qué diantres!, si imaginar es crear, vamos a imaginarnos cómo podría diseñarse la cultura desde nuestra experiencia como trabajadoras culturales, para poder dar a la sociedad el retorno que merece. Hemos preguntado a diferentes trabajadoras y trabajadores del sector: ¿Cómo te imaginas el trabajo cultural del futuro para que pueda dar lo mejor de sí? Estas son las respuestas obtenidas:

Adriano Galante. Músico y periodista (Madrid-Barcelona): “Al trabajo cultural del futuro le pido lo mismo que al del presente: solidaridad, conciencia de clase y apoyo mutuo. Que esta crisis sirva para cuestionar colectivamente las estructuras de poder de la cultura de una vez por todas. Es el momento de pensar, debatir y poner en práctica otras formas de hacer cultura.” @Adriano_Galante

Ana Díaz-Plaja. Doctora en Enseñanza de la Lengua y la Literatura y Directora del Fondo Guillem Díaz-Plaja (Barcelona): “Intento imaginármelo proyectando los sueños que ya tenía antes del coronavirus. Los puedo resumir en tres: 1. atender a los bienes culturales de proximidad (instituciones, bibliotecas, colecciones,legados y casas de escritores, pequeños museos, etc.). 2. Conseguir un vínculo real entre el mundo de la Cultura y el Mundo de la Educación. 3. Conseguir que los profesionales de la cultura sean pagados dignamente…o simplemente pagados.”

Anita Lüscher. Gestora cultural especialista en comunicación (Buenos Aires-Barcelona): “Para que pueda dar lo mejor de sí el trabajo cultural se enfocará mucho más en las necesidades de las personas, donde la cultura interviene para abrir las mentes, despertar los sentidos y llenar las almas. Públicos de todos los colores, sanos, enfermos, iletrados, ilustrados, pobres y ricos formarán el territorio a conquistar por la gestión cultural. Descubrir los aspectos que podemos resolver a través de la cultura implica indagar en lo más hondo de estas personas y extraer los “puntos de dolor” (pain points). Por lo tanto la misión de este viaje será darles por donde mas les duela, en el buen sentido.” @AnitaLuscher

Beatriu Daniel. Productora y gestora artística de danza (Barcelona): “Ahora mismo, el gran reto es vivir el Presente y hacer “las paces con el no saber”. Hemos de cambiar la piel por dentro. Esto es un proceso lento, pero parece que el Covid-19 nos dará tiempo para ello. En cuanto salgamos del confinamiento deseo contribuir a crear nuevas maneras de hacer y de relacionarme, donde el motor sea pensar y convivir en común”.

Christina Schultz. Artista visual (Berlín-Barcelona): “Deseo la renta universal para todas, desde la cuna hasta la tumba.” @schultzentweet

Dustin Guerri. Emprendedor y gestor cultural (Londres-Barcelona): “Me imagino un sector cultural abierto a nuevos tipos de colaboraciones, más atrevido, menos enquistado, más libre ideológicamente. Un sector cultural que no tenga miedo a trabajar codo a codo con el sector privado en aquellas ocasiones en las que ambas partes puedan beneficiarse como iguales y sin prejuicio. Un sector cultural decidido, honesto, políticamente incorrecto, feroz.”

Edu Pou. Músico y periodista (Barcelona): “Primero debemos demistificar la idea del artista para evitar tanto la idealización como el odio ‘anti-cultureta’. Segundo, las profesiones culturales se pueden dignificar si se asocian y se sindican. Tercero, el sector cultural no son sólo ‘los artistas’, hay muchísimas otras profesiones involucradas, y  convendría que todos estos colectivos tuviéramos espacios para encontrarnos, consensuar ideas, defender propuestas conjuntas. Finalmente, me gustaría valorar de forma distinta la cultura: olvidar conceptos como ‘calidad’, ‘novedad’ o ‘excelencia’ y fijarme en la función social y comunitaria que puede aportar, desde una nana para dormir a un niño hasta la pieza más experimental que nos hace replantear los consensos.”

Fito Conesa. Artista visual (Cartagena-Barcelona): “El arte es una tecnología en sí mismo, como la filosofía, la medicina o la cuántica. Creo que es momento de abanderar el hecho o lo cultural como la tecnología del cambio. Se acabó la sociedad basada en lo científico, demos paso a la sociedad cultural. Para acabar con un sistema se ha de hacer de manera radical y si existe una herramienta capaz de proponer nuevos radicalismos, esa es el arte y la cultura. Pensar en qué va a pasar y que ello lleve implícito sólo la cuestión económica es ser irresponsables. Confío que lo que nos espera o lo que está por venir conlleve aferrarse a la cultura como estrategia de cambio social, político-económico y nos acerque a esas cosas de las que nos ha alejado el capitalismo, como la naturaleza.” @fitoconesa

Joss Terol. Técnico instalador de Arte (Murcia-Barcelona): “Crear un convenio cultural amplio que especifique los diversos sectores para que la sinergia entre ellos sea efectiva. Muchos sectores de la cultura pertenecen a convenios generales que nada tienen que ver con su labor. Crear una filosofía de aceptación de presupuestos que no solo dependa de su cuantía, favoreciendo así que los pequeños emprendedores puedan desarrollar nuevas ideas.”

Kike Bela. Músico y gestor cultural (Barcelona): “En un contexto favorable, al que deberíamos llegar, la cultura podría explorar sin censura, comunicar, emocionar, reflexionar sobre la vida, dar a entender ideas creativas, y la complejidad de la vida en su grandeza. Lo que nos permitiría ser más libres, más completos, más unidos y solidarios. Permitiría crear una capa de humanidad invisible que nos uniese colectivamente, que diese sentido al vivir en conjunto.” @BelaKike

Marco Noris. Artista visual (Bérgamo-Barcelona): “En 2018 el sector cultural en España aportó el 3,2% al PIB mientras obtuvo una financiación pública del 0,06%: con más inversiones por parte del Estado –juntamente a tutela del mercado laboral, políticas contra la precariedad y control del mercado inmobiliario– el panorama cambiaría mucho.”

María Moral. Actriz y gestora de artes escénicas (Barcelona-Madrid): “Personalmente espero que nada se restablezca, que aprovechemos las estructuras que nos sostienen para modificarlas, y espero que la cultura se ocupe también de eso, de poner el acento en los cambios, haciendo de lo ordinario algo extraordinario, seduciendo, venciendo el miedo, liberando el pensamiento y la conciencia.”

Mark Cunningham. Músico (Nueva York-Barcelona): “Como músico, es difícil para mí imaginar un futuro en el que tenga libertad para crear mientras el valor de mi trabajo siga siendo juzgado principalmente por su capacidad de entretenimiento, a merced de un mercado cultural consumista. Si queremos que el arte y la cultura sean algo más que un pasatiempo y, al mismo tiempo, nosotros como artistas podamos sobrevivir financieramente, entonces se debe crear un nuevo modelo de negocio sostenible que sea independiente del sector del entretenimiento comercial y promover una audiencia comparable.” @asombra7

Natalia Carminati. Artista visual (Buenos Aires-Barcelona): “Como creadores (y con esta palabra me refiero a todos los profesionales de la cultura que crean con la palabra, el pensamiento, el sonido, la imagen, la acción, el movimiento, la gestión, los medios visuales e infinitos medios y lenguajes tan vitales como respirar) tenemos las herramientas para transformar una idea en una experiencia, una mirada diferente, una nueva realidad. Para que el trabajo cultural pueda dar lo mejor de sí, ¡no podemos delegar su futuro a las buenas o malas decisiones de ningún político! Tenemos que seguir accionando, apropiándonos de los espacios de decisión reales y virtuales, de la fuerza popular y colectiva.”

Pep Espelt. Director y fundador del Konvent, centro de investigación, creación y exhibición de arte contemporáneo (Cal Rosal -Berguedà): «Desmitificar la cultura y darnos tres porrazos a cada uno y una para ser menos fieles. Sin violencia ni sangre, pero con audacia. El trabajo cultural del futuro me lo imagino igual como lo llevo haciendo desde siempre. Con pasión, con buen trato, con trabajar por unas condiciones dignas para todas y todos las artistas, sin banderas, sin ser producto de consumo, con respeto, con público de todas las edades y tipología, desde el equipo organizativo y desde la sinceridad. La necesidad de tener más espacios donde todo es posible y sin tener que buscar un vacío futuro que nos depare, si no, un presente en el que sucedan todo tipo de confluencias y experiencias vitales.» @OffPep

Rita Stivala. Gestora y productora cultural (Torino-Barcelona): “Me imagino un trabajo que vuelva a retomar y reconsiderar el significado literal de la palabra RED: Aparejo hecho con hilos, cuerdas o alambres trabados en forma de mallas. Confluencia de calles en un mismo punto. Conjunto de elementos organizados para determinado fin. Me imagino un trabajo de aprendizaje colectivo como trabajadores de un mismo sector, un trabajo de construcción colectiva donde no haya miedo a perder cada una su propia identidad si nos juntamos en pos de una identidad como sector, consciente de su valor social y comunitario.” @lamalarita

Sara Fontán. Músico y pedagoga (Vigo-Barcelona): “Quizás debería ser menos exhibicionista y más comunitario, menos precario y mejor valorado, menos divo ¡y más humilde! Pero me temo que será todo lo contrario.”

Yolanda Jiménez. Gestora y comunicadora cultural (Ourense-Barcelona): “El trabajo cultural del futuro será procomún, en especie, trazando alianzas, colaboraciones, empático, colaborativo… o no será”. @capibara

 

Foto: Adriano Galante